Mi primer polvo como escort

Me llamo Amanda y lo que te confieso aquí no lo sabe nadie más. Al menos no con mi nombre auténtico. Y quiero que siga siendo así. ¿Por qué? Bueno, porque lo que hago (aunque me encanta) hay ciertas personas que no lo ven demasiado bien… Pero a mí eso no me ha importado demasiado. La moral, las normas… es lo primero que se salta la gente cuando tienen una buena oportunidad delante. Y eso es lo que hago. Un día me salió la oportunidad de trabajar como chica de anuncios eroticos y la tomé. Sin pensármelo demasiado. Porque estas cosas o se hacen o no se hacen así que antes de dudar demasiado ya estaba en casa de un cliente aceptando mi primer trabajo. ¿Quieres saber cómo fue?

De los anuncios eróticos a la cama de mi primer cliente

Pues lo sorprendente es que fue algo muy normal, como muy natural. Es decir, yo ya no soy una niña y he tenido varias citas en mi vida. Con mi cliente, Piero, un italiano de cuarenta años y ese porte que sólo tienen los italianos… no nos conocíamos, pero como con tantos otros tíos que me había ligado un sábado por la noche. Y ahí estaba él y ahí estaba yo.

 

Me daba morbo pensar que se había fijado en mí entre todas las chicas de los anuncios eroticos. Me hacía sentir sexy. Y traviesa a la vez. Estaba un poco nerviosa por ser la primera vez que hacía algo así pero él me dijo que no me preocupara y me puso una copa de champagne en la mano. Y a partir de ahí todo empezó a ir mejor.

 

Él me pidió que me quitara las braguitas (yo iba con una falda muy ceñida). Yo lo hice. Y a continuación él se estiró en la cama boca arriba. Me dijo:

— Quiero que te sientes encima de mi cara.

 

Y me lanzó una mirada que me hizo mojarme entera. Además las cortinas de la habitación estaban descorridas, de forma que cualquier vecino podía vernos, y eso me ponía aún más ardiente. Caminé con decisión hasta esa gran cama, sintiéndome más mujer que nunca, y me encaramé poco a poco primero rozando sus piernas, luego rozando esa área tumefacta que ya era su pene (lo noté a través de los pantalones) y llegué a su boca,  y me senté con las piernas todo lo separadas que pude. Fue notar su lengua en mi coño y un escalofrío me recorrió entera- ¡Estaba tan caliente! Y él lo estaba también. Yo eché mis manos hacia atrás mientras él trabajaba con su lengua (¡Dios, qué lengua!) y le saqué la polla del pantalón. No había duda de que ese amiguito quería salir… Y entonces me levanté y dejé que me comiera el culo mientras yo empezaba a chuparle esa gran anaconda. Tenía tanto calor en el cuerpo, estaba tan fuera de mí, que ni siquiera sabía lo que hacía. Pero sin duda a él le estaba volviendo loco. Como a mí su lengua, que ahora combinaba con unas manos de oro que me hacían jadear y a veces tener que parar de comérsela porque no era dueña de mí.

 

No sabría decir cuánto rato estuvimos así pero sin duda los dos tocamos el cielo. Y luego seguimos con una sesión de sexo con penetración, con mastrubación, con todo lo que pueda hacer gozar a un cuerpo. Y lo gozamos como nadie. ¡Dios, Piero, qué hombre! Él fue mi primer polvo como chica de anuncios eróticos y ¡en qué buen momento decidí dedicarme a esto! No se me ocurre un trabajo más gratificante. 😉

 

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