Relato erótico: La partida de cartas

partida de cartas

Fue en la noche de San Juan, celebrábamos mi santo. Habíamos invitado a cenar a un matrimonio amigo. Después de la cena, que fue muy divertida, echamos una partida de cartas, los hombres contra las mujeres.

Durante la partida, no faltaron la bebida y los chistes verdes y las experiencias en casas de escorts en Barcelona. Uno de los chistes, acerca de si es mejor una polla larga o gorda, fue el comienzo de todo. Mi mujer dijo que prefería una polla gorda y entonces Elena dijo que para polla gorda la de su marido, yo dije que dudaba que fuese más gorda que la mía. Tuvimos una breve discusión, yo dije que estaba dispuesto a compararla y Ramón aceptó el reto, pero dijo que había que comparar en su estado máximo. Las mujeres se rieron y respondieron que eso sería fácil. Yo respondí que mi polla era muy tímida y que no sería tan fácil.

– Sí, sí… muy tímida. – dijo mi mujer sabiendo mis múltiples infidelidades.

– Si no se te levanta, yo me encargo. – dijo Elena.

– La mía también es muy tímida. – dijo Ramón.

Nos reímos y mi mujer dijo que ella se encargaría de levantársela en caso de necesidad.

Ramón y yo nos levantamos y nos bajamos los pantalones mostrando nuestras pollas, que tenían una media erección, pero mientras Elena y mi mujer las observaban se pusieron en su máximo esplendor. No hubo acuerdo sobre cuál era más gorda, yo les dije que podían ‘tomar medidas’ y mi mujer respondió:

– Tu lo que quieres es que te la chupen.

– Es la mejor forma de medirla. – dijo Ramón.

Cuando recogimos nuestras pollas, les dije que, en justa correspondencia, nos deberían enseñar sus coños. Ellas se opusieron, pero creo que sin mucho convicción. Y bastó un empujoncito de Ramón para que se decidieran. Elena fue la primera en quitarse las bragas, pues llevaba falda y sólo tuvo que subírsela, pero mi mujer, que llevaba pantalón, tardó bastante más. Cuando las dos estuvieron preparadas nos mostraron los coños. Yo les dije que se sentasen en el sofá, con las piernas abiertas, para que pudiésemos juzgar correctamente. No opusieron resistencia.

– ¿Puedo tocar? – pregunté.

Mi pregunta iba dirigida tanto a Elena como a Ramón, pero fue Elena la que respondió:

– Sólo un poquito. – respondió Elena riéndose.

Ramón miraba el coño absorto y mi mujer le dijo:

– Ramón, parece que es el primer coño que ves.

Nos reímos un rato.

– Es que siempre que he estado tan cerca de un coño fue para follarlo. – dijo Ramón.

– Lo mismo nos pasa a nosotras. – dijo la mujer de Ramón.

Ramón vio que yo estaba tocando el coño de Elena e hizo lo mismo con mi mujer. La escena parecía de película porno: las dos mujeres sentadas en el sofá con las piernas abiertas, mientras nosotros tocábamos su coños.

– ¡Habría que ver vuestras pollas ahora! – dijo Elena.

– Eso está hecho. – le respondí y dos segundos más tarde tenía mi polla a la vista. Ramón seguía tocando el coño de mi mujer que parecía disfrutar, pues tenía la cabeza apoyada en el respaldo del sofá y los ojos cerrados. Elena miró mi polla y sus ojos decían, métemela. Y eso hice, me puse de rodillas, descubrí sus tetas y se la metí.

Ramón nos miró sin sorprenderse de lo que estábamos haciendo y continuó tocando el coño de mi mujer que seguía con los ojos cerrados. Cerré los ojos y comencé a follar a Elena, al tiempo que le comía las tetas. Cuando abrí los ojos, Ramón comenzaba a follar a mi mujer. Mi mujer se colgó del cuello de Ramón y follaron como salvajes.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *